martes, 3 de mayo de 2016

10.843.- DE LA REVISTA CULTURAL ARS CREATIO (POR FRANCISCO REBOLLO ORTEGA)

Revista Cultural Digital
ISSN: 1885-4524
Número 42 - Primavera 2016
Asociación Cultural Ars Creatio - Torrevieja


Torrevieja y el Cantón murciano durante la Primera Repúlica Francisco Rebollo Ortega
La proclamación de la Primera República
El martes 11 de febrero de 1873, con la abdicación del rey Amadeo i de Saboya, las dos cámaras de las Cortes, reunidas en sesión conjunta, proclamaron la Primera República española, siendo nombrado presidente Estanislao Figueras.
Los alcaldes de Torrevieja
Durante aquel año 1873, Antonio Mínguez fue alcalde en tres periodos, que sumaron en total 9 meses y 3 días, alternando con Francisco Gallud Rodríguez, que presidió el Ayuntamiento durante 2 meses y 11 días en dos periodos.
La Primera República en Torrevieja
Cuando la noticia llegó a Torrevieja, causó asombro y desconcierto en los monárquicos, y honda emoción y entusiasmo entre los republicanos, entre ellos los militantes y simpatizantes del Partido Republicano Federal, que se echaron a la calle con las armas en la mano para expresar su apoyo al nuevo régimen y reclamar la entrega inmediata del poder municipal.
La Corporación municipal
El día 13 de febrero, a la 6 de la mañana, la Corporación municipal, reunida en sesión extraordinaria, presidida por el alcalde Antonio Mínguez Sánchez, permaneció reunida en espera de recibir órdenes e instrucciones del Ministerio de la Gobernación o del Gobierno Civil de Alicante. En esa misma mañana, se presentó en el Ayuntamiento una comisión del comité republicano federal, exigiendo al alcalde la entrega inmediata del poder, mientras en la plaza de la Constitución se hallaban varios grupos de republicanos armados, y otro grupo se había situado en la torre del campanario de la iglesia para avisar a sus jefes de cualquier movimiento de tropas o ciudadanos que pudiera producirse. El alcalde y los concejales, al ser obligados a desalojar el edificio, protestaron, negándose a entregar los poderes, y acordaron informar de los hechos ocurridos y su reconocimiento al nuevo régimen mediante telegramas dirigidos al Gobierno de Madrid y al gobernador de Alicante. Al mismo tiempo, permanecerían todos en contacto para reunirse en otros lugares mientras durase el alzamiento local. A continuación, el alcalde marchó a Alicante para notificar todo lo ocurrido al gobernador civil, y cómo los federales se habían apoderado del pueblo. Cuando al día siguiente el alcalde regresó de Alicante sin haber logrado apoyo alguno del gobernador, se encontró que en la sede del Ayuntamiento se había instalado la junta revolucionaría.
La Corporación municipal y la junta federal
El día 15, a las 6 de la mañana, al no poder congregarse en el Ayuntamiento, la Corporación se reunió en el domicilio del concejal Manuel Torregrosa Saura. Los ediles, después de oír al alcalde, acordaron que todos se mantendrían en sus puestos sin dimitir, reiterando su reconociendo al gobierno de la República constituida, declarando ilegal a la junta revolucionaria local y los hechos promovidos por ésta. El día 16 de febrero por la mañana, por una orden gubernativa, remitida por las nuevas autoridades republicanas de la nación, la junta federal abandonó las casas consistoriales. Cuando el alcalde, Antonio Mínguez, tuvo conocimiento de la salida de la junta federal de las casas consistoriales, éste, al frente de los concejales, regresó al edificio del Ayuntamiento para retomar el poder. El día 13 de junio, a causa de las irregularidades y abusos producidos relacionados con los impuestos de arbitrios municipales y derramas, el gobernador civil destituyó al alcalde y a los concejales, que fueron relevados por la nombrada nueva Corporación municipal, presidida por Francisco Gallud Rodríguez.
El día 2 de julio, el Ayuntamiento, en sesión ordinaria presidida por el primer teniente de alcalde Juan Molina, dio cuenta del escrito recibido, con membrete del Ayuntamiento, de Antonio Mínguez Sánchez, presidente de la Corporación municipal suspensa, solicitando que se restituyera en sus respectivos cargos a los ediles suspensos. La Corporación acordó informar de los hechos al gobernador civil y pasar al juez municipal toda la documentación disponible para que procediese contra el alcalde cesado por ejercer actos propios de autoridad que no tenía. Por rivalidades políticas, en aquellos días Torrevieja llegó a tener dos alcaldes con sus respectivos concejales, uno gobernando desde el Ayuntamiento y otro desde su domicilio particular, dando lugar a las correspondientes ilegalidades y tensiones políticas.
El día 7 de junio, las Cortes constituyentes proclaman la República Federal, siendo nombrado presidente Francisco Pi y Margall. El proyecto de Constitución federal, que fue rechazado por las Cortes, proponía una España articulada en 17 estados, incluidos Cuba y Puerto Rico.
El alcalde interino
Tras el cese de Antonio Mínguez Sánchez y el nombramiento de Francisco Gallud Rodríguez, el día 27 del mismo mes de junio (exactamente dos semanas después) presentó éste la renuncia al cargo de alcalde por motivos particulares. Fue relevado en calidad de interino por Juan Rovira, que cesó el 10 de julio, y fue relevado pa su vez por el también interino Isidro Ibernón. El movimiento revolucionario cantonalista se desencadenó con la retirada de las Cortes de la minoría federal intransigente el 1 de julio, por lo que el Comité de Salvación Pública constituido en Madrid para coordinar el levantamiento fue rebasado por los federales de algunas ciudades, que se apresuraron a proclamar su Cantón o estado autónomo sin esperar a que fuese promulgada la proyectada Constitución federal.
Proclamación del Cantón murciano
En aquel año, en que España estaba haciendo frente a la primera guerra de Cuba y la tercera carlista, se proclamó el Cantón en varias ciudades. Mientras en las Cortes se discutía el proyecto de la nueva Constitución federal, el sábado 12 de julio, el mismo día en que se celebraron elecciones municipales en Torrevieja —de las que salió elegido alcalde Antonio Mínguez Sánchez—, se proclamó el Cantón murciano en Cartagena. Al movimiento cantonal contra el Gobierno central de la República, iniciado en Cartagena por el diputado Antonete Gálvez Arce, se unieron todos los regimientos y fortificaciones de la plaza y el Arsenal militar con los mejores buques de la Armada con base en esa ciudad, entre ellos, las fragatas Numancia, Victoria, Tetuán, Méndez Núñez y Almansa, el vapor Fernando el Católico (rebautizado con el nombre de Despertador del Cantón) y otros buques.
El Cantón de Cartagena
El cantón de Cartagena mantuvo su independencia de la República unitaria centralista española durante seis meses, desde el 12 de julio de 1873 hasta el 12 de enero de 1874.
La llamada Revolución Cantonal surgió principalmente debido a la enérgica repulsa al régimen unitario de la Primera República y al envío de jóvenes a la guerra de Cuba y a la guerra carlista.
El líder del Cantón murciano
En días sucesivos a la proclamación del Cantón en Cartagena, se declararon Cantones independientes varias ciudades del Levante y Sur español, entre ellas Torrevieja (que entonces rondaba los 8.500 habitantes), donde había un grupo importante de republicanos federalistas y simpatizantes liderados por Concha Boracino Calderón, de 42 años de edad, la figura más emblemática del republicanismo federal de Torrevieja, viuda del patrón Tomás Parodi García (fallecido tres años antes, había sido armador y patrón del famoso falucho contrabandista Socarrao y miembro de la junta federalista local). Según el padrón municipal de 1873, Concha vivía en una casa de la calle de Quiroga n.º 34 con sus siete hijos, cuatro mujeres y tres varones, en edades comprendidas entre los 5 y los 19 años. Entre los federalistas más destacados están el oficial de la Marina mercante José Solano Huertas, el comerciante Vicente Castell Satorre y otros.
Torrevieja se adhiere a la Revolución Cantonal
El 19 de julio por la mañana, Torrevieja fue la primera localidad valenciana en proclamar un cantón independiente con autonomía separada de Valencia, o sea, un estado autónomo dentro de la República Federal española. El ejemplo de Torrevieja fue secundado de forma inmediata por la población de Relléu, cuya junta revolucionaria recurrió a la de Torrevieja para situarse bajo su protección. El mismo día, 19 de julio, la Junta Revolucionaría de Torrevieja, presidida por Concha Boracino, tras realizar una consulta popular, después de renunciar a las pretensiones autonomistas, envió a Cartagena una delegación presidida por el marino torrevejense José Solano Huertas, para manifestar la intención de Torrevieja de ingresar en el Cantón murciano, y dejar así de pertenecer a la provincia de Alicante. A José Solano, la Junta Cantonal de Cartagena lo nombró comandante de la fragata Victoria, que en ese momento estaba preparándose para hacerse a la mar rumbo a Alicante.
La proclamación del Cantón en varias ciudades
En días sucesivos a la proclamación del Cantón murciano, se produciría también, entre otras ciudades, en Cádiz, El Puerto de Santa María, Jerez, Málaga, Sevilla, Granada, Antequera, Cazalla de la Sierra, Vilches, Santa Elena, Jaén, Castellón, Andújar, Algeciras, Béjar, Valencia, Alcoy o Alicante. El movimiento cantonal fue sofocado por fuerzas del Gobierno de la República, en apenas días o semanas, según los casos, excepto el Cantón de Cartagena, en que permaneció seis meses, los últimos cinco sitiada por tropas del ejército de los generales Martínez Campos y López Domínguez.
Rumbo a Torrevieja
Después de proclamar Antonete Gálvez el Cantón en Alicante —había ido con la fragata blindada Victoria, y allí confiscó el vapor armado Vigilante, un remolcador y dos escampavías del resguardo de Aduanas—, el 22 de julio, a las 5 de la madrugada, los cinco buques zarparon rumbo a Torrevieja con el fin de consolidar el Cantón en esta villa y conseguir víveres y dinero para la causa cantonal. Al amanecer, el convoy naval fue interceptado por la fragata alemana Frederick Karl, al mando del comodoro Reimhold Wernel, que ordenó a los buques que se detuvieran por considerarlos piratas según el reciente decreto del Gobierno de la República, en el que se declaraba piratas a todos los buques del Cantón de Cartagena. Gálvez, de forma arrogante, desoyendo las órdenes del Wernel, continuó con rumbo a Torrevieja, donde el Vigilante, la Victoria, el remolcador y las dos escampavías, después de permanecer una hora en la bahía de Torrevieja, zarparon con destino a Cartagena.
Primer desembarco de Gálvez en Torrevieja
A las 12 de la mañana del martes 22 de julio, Gálvez, acompañado de los jefes de la Junta Cantonal y de varios soldados, llegaron a bordo de botes al muelle del Turbio, donde fueron recibidos por la Junta Revolucionaria en pleno, presidida por Concha Boracino Calderón, dos compañías de voluntarios de la República, asociaciones culturales, la banda de música y numeroso público local y forastero. Al poner pie en tierra, Antonete Gálvez recibió una ovación atronadora y manifestaciones de alegría, mientras sonaban los compases de la banda de la música.
El entusiasmo de los torrevejenses
El líder cantonal, después de arengar a la muchedumbre en la explanada del puerto, precedido de la banda de música y acompañado de los federalistas locales y numeroso público, se dirigió a pie al Ayuntamiento. Gálvez ya era un personaje muy conocido en Torrevieja, donde contaba con numerosas relaciones y amistades, entre ellas Pedro Casciaro. Al multitudinario recibimiento de Gálvez contribuyó la animación de aquel verano, en que estaba instalada la feria con las clásicas casetas de madera en el paseo marítimo, cercano al muelle del Turbio, y al gran número de forasteros que en aquellos días se encontraban en el pueblo. La comitiva continuó hasta el Ayuntamiento, donde se formalizó la incorporación de Torrevieja al Cantón murciano, con la segregación de la provincia de Alicante y del reino de Valencia.
La estancia de Antonete Gálvez en Torrevieja
Durante su estancia en Torrevieja, Gálvez, entre otras cosas, procedió al nombramiento de una Junta Local de Salvación Pública. Reclamaba la ayuda económica que pudiera recaudarse y acordaba que el Vigilante viniera periódicamente a Torrevieja para recoger el dinero de los beneficios de la Aduana y de las Salinas, que desde ese día pasaron a depender directamente de la hacienda cantonal. Aunque la pretensión de Gálvez era recaudar 500.000 reales con destino al sostenimiento del Cantón, a las 11 de la noche, después de haber sido retenido cuando salía de la villa el administrador de los fondos del Ayuntamiento, Salvador Llanos Talavera, el total de lo recaudado a esa hora ascendía a 70.000 reales, procedentes de los fondos del Ayuntamiento, la administración de las Salinas, la Aduana y algunos contribuyentes a cambio de algunas partidas de sal a bajo precio. Gálvez, después de cenar, fue invitado a pasar la noche en la residencia de Concha Boracino. El día 23, a las 13 horas, repitiéndose las manifestaciones del día anterior, Gálvez, después de despedirse en el muelle de los miembros de la Junta Federalista Local y del numeroso público presente, siguiendo los consejos de García Alcántara y José Solano de no permanecer más tiempo en Torrevieja, embarcó en el Vigilante, que enarbolando la bandera roja del Cantón zarpó rumbo a Cartagena. Torrevieja fue cantonal apenas siete días, desde el sábado 19 de julio en que se proclamó el Cantón, hasta que el viernes 25 se restableció de nuevo el gobierno municipal leal a la República.
Segunda expedición de Gálvez a Torrevieja
El viernes 12 de septiembre, a las 8 de la mañana, procedente de Cartagena, ciudad sitiada, llegó a la bahía de Torrevieja Antonte Gálvez a bordo vapor armado Fernando el Católico, con 90 marineros de dotación y un contingente de 400 soldados de desembarco, escoltado por la fragata blindada Numancia. Cuando Gálvez y sus soldados desembarcaron en Torrevieja, no fueron bien recibidos, ya que se produjeron gritos y protestas entre el público presente en el muelle. A las 9 de la mañana, un disparo —pasó a la historia como fortuito— del mosquete del capitán de las milicias de Gálvez, Eloy Gómez, ocasionó la muerte del joven torrevejense Eduardo Molero Ballester. El mozo, de quince años de edad, era de profesión carpintero, hijo de Cayetano, natural de Torrevieja, y de Francisca, natural de San Pedro del Pinatar. Posteriormente fue ajusticiado el soldado de las milicias de Gálvez, que —siempre según los historiadores— falleció de un disparo producido por el líder del Cantón, por no cumplir la orden dada por él de no utilizar las armas, en el momento crítico en que la mayoría de la población manifestaba estar en contra del desembarco.
Los cantonales en Torrevieja
Durante su estancia en Torrevieja, Gálvez tomó la precaución de controlar las entradas y salidas de la villa para evitar cualquier sorpresa de fuerzas leales a la República, mientras el Fernando el Católico quedaba fondeado con las calderas encendidas.
En esta ocasión, con la mayoría del pueblo en contra, los soldados cantonales, por orden de Gálvez, además de intentar reclutar voluntarios para la causa, se apoderaron de las armas de una compañía de voluntarios, y requisaron toda la harina, arroz y comestibles que pudieron llevarse de los almacenes de los hermanos Vicente y José Castell Satorre, así como varias caballerías propiedad de particulares.
La segunda estancia de Gálvez en Torrevieja
En Torrevieja, Gálvez se alojó en una de las casas principales de la villa, propiedad del consignatario de buques Gregorio Sánchez, que había huido con su falmilia a la finca de campo Lo Marabú, dejando a cargo de la casa al ama de llaves. Al preguntarle ésta lo que deseaba comer, Gálvez le respondió que lo mismo que tenían por costumbre los propietarios de la casa. Por lo que el ama de llaves le comunicó que los señores de la casa tenían la costumbre de comer a las 12 de la mañana, siendo el menú correspondiente a ese día un puchero de ave.
El final de la Primera República
El día 3 de enero de 1874, con la entrada en el Congreso de los Diputados de las tropas del general Pavía, capitán general de Madrid, se disolvieron las Cortes y se estableció un Gobierno provisional presidido por el general Francisco Serrano y Domínguez, duque de la Torre.
Final del Cantón
El lunes 12 de enero, huyeron de Cartagena embarcados en la fragata blindada Numancia con destino al puerto de Mens el Kebir, cerca de Orán, los componentes de la Junta Cantonal Antonete Gálvez, Cárceles, Coláu, Camacho, Hernández Ardieta, y los generales Contreras y Ferrer, acompañados de jefes, oficiales, marineros, soldados y voluntarios, que con mujeres y niños sumaban 1.700 personas. La Numancia zarpó de Cartagena rompiendo la línea de bloqueo de escuadra del almirante Chicharro. Al día siguiente, martes 13 de enero, después de estar cercada durante cinco meses consecutivos, en los que fue bombardeada con artillería pesada que destruyó gran parte de la población, se rindió la plaza de Cartagena a las tropas del general López Domínguez. Éste entró en la ciudad a las 13 horas, y así terminó la guerra cantonal.

10.842.- DE LA ERVISTA CULTURAL ARS CREATIO (POR FRANCISCO REBOLLO ORTEGA)

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ISSN: 1885-4524
Número 42 - Primavera 2016
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Algunos datos sobre las campañas de la guerra de Cuba Francisco Rebollo Ortega
Extraído del Memorial de Artillería, titulado «Consideraciones Militares sobre la Guerra de Cuba», del teniente de artillería Francisco J. de Moya, publicada en Madrid por la imprenta del Cuerpo de Artillería en 1901.
La isla de Cuba
Cuba, la mayor de las islas americanas, se halla situada en el centro del Golfo de Méjico, al sur de Florida. Tiene una longitud de 1.582 kilómetros de este a oeste en forma de arco irregular, con una anchura variable de 41 a 274 kilómetros, contada la menor de norte a sur, con una extensión superficial de 128.000 kilómetros cuadrados, con los islotes y cayos anexos que la colocan próxima a la superficie de Gran Bretaña, que sólo en la isla propiamente dicha tiene 118.000 kilómetros cuadrados. La isla de Cuba está bañada por el mar de las Antillas, también llamado de Caribes.
EL CLIMA
En los meses de septiembre y octubre, y algunas veces hacia primeros de noviembre, la isla ve alterada la calma por terribles ciclones ocasionados por el cambio de los monzones, que anualmente producen serias catástrofes. Fuera de estas épocas, la navegación se hace tranquila y la limpieza de las aguas permite distinguir a 60 brazas las maravillas del fondo. Como en todos los países tropicales, las estaciones se marcan en dos épocas: la estación cálida o de las aguas, que dura de mayo a octubre, con su insoportable calor y lluvias torrenciales, y la estación seca o fría, en la que goza de temperaturas agradables, desde noviembre hasta abril.
LOS HABITANTES
Según el censo de población de 1887, la población de Cuba se elevaba a 1.500.000 habitantes, correspondiendo a La Habana 200.448, en la forma siguiente: 146.192 blancos, 49.619 negros y mestizos y 4.637 asiáticos, de los cuales eran españoles 134.136 y extranjeros 66.342. La distribución por sexos era de 111.870 varones y 88.578 mujeres. España, al final del siglo XIX, tenía 26 millones de habitantes.
LOS PLANTÍOS
En los plantíos cubanos crecen algodoneros, floridas lianas, el árbol del Campeche, el algarrobo, el gran cecropia, el tamarindo, el cedro, el caobo, el olmo, la palmera real, el mango, el caimito, el maimón, el jubo, los captus y nopales, los naranjos, limoneros, higueras, granados, el manzano y otras mil variedades. Las mejores frutas de Europa se dan allí en duplicadas cosechas, con las abundantes del país, como el cachucho, zapote, mamea, guayaba y piña. La batata y la patata forman el primer alimento de la población, y el trigo, el café, el azúcar y el tabaco en producciones maravillosas completan esta grandiosa flora sin igual en el mundo.
LAS FUERZAS DEL EJÉRCITO EN CUBA A 1º DE ENERO DE 1895
El total de las fuerzas del ejército en Cuba en el año 1895 eran las siguientes:
Infantería.- 7 regimientos, 1 batallón de cazadores, 1 brigada disciplinaria y el Cuerpo Auxiliar de Orden público, con un total de 468 oficiales y 12.030 soldados.
Caballería.- 2 regimientos, con 90 oficiales y 1.596 soldados.
Artillería.- El 10º Batallón de Plaza, con 43 oficiales y 775 soldados.
Ingenieros.- 1 batallón mixto, con 27 oficiales y 445 soldados.
Guardia Civil.- 3 tercios, con 185 oficiales y 4318 guardias.
Total con oficiales generales, Cuerpo de Estado Mayor y Cuerpos Auxiliares y asimilados del Ejército.
Total general: 20.187 hombres.
Fuerza de Voluntarios: 60.000 hombres.
Resumen total de fuerza: 80.197 hombres.
LA CAMPAÑA DE LA GUERRA DE LOS DIEZ AÑOS
La campaña de la guerra de los diez años (1868-1878) costó a España 120.000 hombres y 700 millones de pesos. El número de fallecidos en el campo de batalla fue el 8 por 100. La fuerza mayor que contó el ejército peninsular fue a primero de enero de 1877, que llegó a 100.000 hombres: 340 jefes, 4.100 oficiales y 95.560 soldados, teniendo además 9.700 caballos, 2.780 mulos y 36 piezas de artillería de campaña.
LA CAMPAÑA DE LA GUERRA INICIADA CON EL GRITO DE BAIRE
La campaña de la guerra iniciada con el grito de Baire, desde el 26 de agosto de 1879 hasta el 30 de junio de de 1880, costo al ejército de Cuba 105 muertos, 276 heridos y 36 desaparecidos.
Bajas en el campo insurrecto: 149 muertos armados, 21 muertos desarmados, 97 heridos armados, 12 heridos armados, 54 prisioneros armados, 253 prisioneros desarmados.
Presentados: 1.702 hombres armados, 4.033 hombres desarmados, 1.325 mujeres, 597 niños. Total: 8.243.